¿Por qué la búsqueda de pareja es un proyecto serio?

            Cuando miramos a nuestro derredor y ponderamos la condición de nuestra nación en general podemos, fácilmente, discernir la forma tan descuidada con la que algunos toman decisiones que son tan cruciales en la vida. No se trata de la ropa que nos pondremos, o del auto que compraremos o de la casa en la que invertiremos nuestro dinero. Una actitud simplista ante una decisión tan abarcadora como lo es con quién vamos a compartir el resto de nuestros días. Es un proyecto enorme. Algo que tiene trascendencia.

          Recuerdo una ocasión en la que una estudiante de su último año de Bachillerato universitario me cuestionó lo “Horrible que es Dios cuando permite que niños nazcan en hogares en los que no son bienvenidos”. “Dios actúa a veces en forma irracional”, decía ella con mucho enojo, “porque permite una criatura más, sin nadie que le quiera, sin nadie que le alimente ni le de cariño”.  Terminó su tesis recalcando su enojo contra Dios. Humildemente le pregunté si deseaba mi opinión y, en su coraje asintió muy enfadada. Fue entonces que le dije, bien bajito y con cuidado, que todo tiene estrecha relación con la Ley de la Siembra y la Cosecha. Sería verdaderamente absurdo que los padres responsables del niño, que no le alimentan ni le proveen los debidos cuidados, puedan desarrollar un hijo saludable, precioso y bien nutrido. Lo mismo que el hombre siembra eso tiene que ser su cosecha.

          No solo los niños pagan los vidrios rotos de algunas decisiones descabelladas y sin sentido que surgen de personas supuestamente capacitadas al máximo para tomar posiciones.  Sino que los mismos protagonista terminan hiriéndose sin sentido, tanto a si mismos como a las familias envueltas.  La búsqueda de la mujer idónea,  del hombre idóneo es  un proyecto serio. En el principio Dios se reservó el derecho de decidir por el primer hombre cuál sería su mujer.  También, en el principio, había una comunión exquisita entre el creador y su creación. La relación entre humano y deidad era diaria.  La administración de las operaciones terrenales era viable. Se podía hablar con Dios en el fresco de la tarde. La comunicación celestial era continua y fluía por todos los rincones de la tierra. El administrador reconocía a su Dueño. El Dueño facilitaba la labor del administrador. Le hizo un Jardín. Lo creo con sus manos.  Un jardín creado por el Creador de todo lo creado. “Esto es para ustedes”.  “Creced y multiplicaos, llenen la tierra de gente. Ustedes son los dueños de todo el espacio de arriba, donde habitan las ave, de todo en la tierra, en la mar…”.  En fin dueños de todo. De modo que ellos no tenían que preocuparse sobre qué sería lo que comerían al otro día. Ya estaba allí.

          Pero una decisión lo estropeó todo.  Parece ser una falta tonta que todo se pierda por una indiscreción en el arte culinario. Pero esto es más grande.  Ayer, como hoy, hay quienes intentan minimizar su responsabilidad basándose en juicios tontos. Hay situaciones decisionales donde cándidamente los protagonistas pretenden tapar la extensión y la profundidad de sus acciones. No es cuestión de comida. Es más que eso. No es cuestión de entretenimiento momentáneo con el otro sexo. Es más que eso. No es cuestión de que vivo el hoy, y que el mañana se fastidie. Es más que eso.  La poca sensibilidad para estar dispuesto a interpretar las verdaderas circunstancias y motivaciones inherentes a los hechos concretos es parte del agravante que provoca actitudes repetitivas de errores en la vida. Por eso el cerdo vuelve al fango y el perro vuelve a su vómito.  Porque no les interesa para nada las consecuencias. Y, aunque éstas se tarden, lamentablemente, nos alcanzarán.  Cuando esto suceda rehuiremos echarnos la culpa. “La mujer que me diste”, dijo Adán, “ella me dio del árbol que tu prohibiste”.  “El trapo de marido ese”. “La vieja esa”. “Fuiste tu”.  La culpa parece no tener dueño. La desobediencia a Dios, a los mas elementales preceptos de la vida, tiene que tener trascendencia. ¿Como estamos encarando nuestras responsabilidades? Si alguien busca marido o mujer pregúntese cuanto compromiso está dispuesto a desplegar. Si lo que se quiere es jugar con los sentimientos de los demás, que no se moleste si alguien juega con su futuro y con su  vida.

          Es de locos pensar que habrán cambios si siempre hacemos las mismas malas cosas, y de la misma manera. Es necesario saber desenmascarar a los demás pero es mas importante aprender a reconocer cual es nuestro disfraz.  Tal vez no somos tan serios como lo exigimos de los demás. Tal vez la hipocresía que criticamos de otros sea la que siempre hemos desplegado en toda relación nuestra. Tal vez la crítica continua de la falta de amor de los otros hacia nosotros sea necesariamente la contraparte de que nunca aprendimos amar correctamente.

          Si buscas amistades, ofrece la tuya. Si eres divorciado, y buscas marido o mujer, tienes que buscar dirección de Aquel que inventó el hogar. Si buscas el idóneo o idónea, tu tienes que serlo. Tu no puedes exigir en otros lo que está ausente de ti. Si hasta ahora los muchos golpes no te enseñan no te metas en la misma trampa. Cambia la estrategia. Cambia de actitud. Cambia tu vida con Dios. Preséntate tu aprobado. Reconócele en todos tus caminos. Confiérele a El la oportunidad de dirigirte en este proyecto de conseguir la persona idónea para ti. 

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